Mis visitas

martes, 17 de septiembre de 2019

Dar la noticia a los peques

Un momento que tarde o temprano llega cuando te diagnostican cáncer de mama es cómo dar la noticia a la familia y a los amigos. Incluso se puede plantear la opción de no decir nada a nadie. 
Cada mujer afrontará esta situación de una forma u otra, según sus circunstancias personales. Yo contaré mi experiencia, lo que consideré que sería lo más adecuado y lo que me hacía sentir más cómoda.

Cuando comenzó todo, antes del diagnóstico, las primeras personas en enterarse fueron mis hermanos. Creé un grupo de WhatsApp en el que sólo estábamos los hermanos, para mantenerles informados de todo. Naturalmente, mi esposo ya lo sabía, vamos en "pack".
Al principio no quería que más gente lo supiera, no quería preocuparles, especialmente a mi madre. Además, pudiera ser que al final no fuera nada importante, así que no quería alarmar a nadie sin motivo.
Pero me costaba ocultar algo tan importante a la gente que quiero, así que se lo conté a algunas personas más, muy cercanas, cuando se daba la ocasión.

Una vez que me dieron el diagnóstico, fui informando poco a poco a la familia y a los amigos. Con naturalidad, sin miedo. Les expliqué que tenía cáncer de mama, que el pronóstico era bueno y que iba a comenzar el tratamiento con quimioterapia, seguido de cirugía y radioterapia. 
Algunos amigos se sorprendían de escucharme hablar con tanta serenidad, pero a mi no me resultaba extraño estar tan tranquila. Puse mi "carga emocional" en Dios y me preparé para la lucha. 

Pero había algo que teníamos que hacer. Digo teníamos porque esto era un tema para mi marido y para mí, que como pareja debíamos afrontar. Y era informar a los peques.
La verdad es que no buscamos ayuda profesional para este momento, ni siquiera se nos pasó por la mente. Simplemente hablamos de la necesidad de contárselo a los peques. 
En realidad sólo se lo contamos a mi hija mayor, porque el peque tenía 2 añitos, y aunque los niños se enteran de mucho más de lo que creemos, se que con mi hijo no funcionan estas cosas. 
Pero la mayor tenía 4 años, de camino para 5. Y a esta edad si que se pueden contar ciertas cosas, adaptadas a su edad y a su capacidad de comprensión.

Cuando eres médico, en ocasiones te encuentras con la situación de que a un paciente al que se le ha diagnosticado alguna enfermedad terminal, la familia no quiere contarle nada. Lo hacen con la mejor intención, para evitarle el sufrimiento de saber que va a morir. Pero realmente, eso suele empeorar las cosas. Se crea en el hogar un ambiente extraño, con secretos. Esta situación hasta tiene nombre: la conspiración del silencio. Pero el paciente intuye que algo pasa, aunque nadie le quiere contar nada. Y en el fondo, la mayoría sabe qué ocurre, pero no puede desahogarse con nadie porque todos rehuyen contarle la verdad. Creo que lo adecuado es decir la verdad al paciente, con mucho tacto, dando sólo la información que esté dispuesto a recibir. No hace falta dar muchos detalles si no los piden, pero si que deben conocer su situación, para prepararse y poner sus cosas en orden.

Había que informar a mi hija. También tenía derecho a saberlo. Es muy lista, y seguro que aunque intentásemos ocultarle la enfermedad, notaría que algo no iba bien. Quizá hasta se podría sentir culpable de que mama estuviera malita. Con los niños nunca se sabe.
Por eso, le dimos una explicación muy sencilla, algo que pudiera entender. Le dijimos que mamá estaba malita y que le iban a dar una medicación para que se pusiera buena. Que se le iba a caer el pelo, pero que era necesario para ponerse buena, y que luego le volvería a crecer.
Se lo tomó muy bien. No hizo preguntas. Cuando el pelo se me cayó estaba preparada y lo tomó como algo natural.
En el colegio no ha tenido problemas y las profesoras no han notado cambios de comportamiento, así que me siento más tranquila sabiendo que mi peque no está sufriendo por mamá.

Aquí os dejo unos links a páginas que hablan sobre cómo dar la información en estos casos. Dan unas pautas interesantes que os pueden orientar a la hora de afrontar esta situación:
https://www.cancer.org/es/tratamiento/los-ninos-y-el-cancer/cuando-alguien-en-la-familia-tiene-cancer.html


"No prepares el camino para el niño, prepara al niño para el camino."

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Pelos, pañuelos y otras cosillas

Uno de los temas que más suele preocupar cuando nos enfrentamos al tratamiento del cáncer con quimioterapia es la alopecia o pérdida de cabello.
Como en muchas situaciones de la vida, no hay una norma única para todos. No todas las quimioterapias producen caída del pelo, y aún recibiendo el mismo tratamiento, cada persona lo podrá experimentar de una forma distinta.

En general, con los fármacos usados en mi tipo de tumor, el pelo empieza a caerse  a las 2-3 semanas de la primera sesión. Es decir, no se cae el pelo de repente con el primer gotero, si no que suele ser algo gradual, pasados de 15 a 17 días.

Así que tenemos un poco de tiempo para pensar qué podemos hacer con nuestro pelo. 
Básicamente tenemos dos opciones: peluca o pañuelo. No creo que haya una opción mejor que otra, sino que es algo muy personal y cada mujer tiene que elegir con lo que se sienta mas a gusto o cómoda.
Yo no quise llevar peluca. Creo que me sentiría rara llevando una peluca, así que desde el principio decidí que llevaría pañuelo.
He conocido a algunas mujeres que llevaban peluca, y una de las razones que algunas alegaron a la hora de explicar porque escogieron esta opción, fue porque no querían que nadie supiera que estaban enfermas. Al llevar pañuelo, de alguna forma es como anunciar que tienes cáncer. La peluca te permite transmitir una imagen de normalidad que el pañuelo no puede hacer. Por eso, cada mujer debe hacer aquello que mejor vaya con ella, que le haga sentir más cómoda. 

Yo me organicé de la siguiente forma. Pedí hora en mi peluquería habitual a los 17 días de la primera sesión. La idea era cortarme el pelo al uno o al dos, porque se supone que para entonces ya se me habría empezado a caer. 
Existen peluquerías especializadas en oncología que ofrecen una atención personalizada a las mujeres que están pasando por esta situación, con salas individuales para ellas y asesoramiento estético. Yo fui a la de siempre, no busqué nada especial, pero debéis saber que existe esa posibilidad.

Al principio lo que notaba era que cada vez que me cepillaba el cabello o me pasaba la mano por la cabeza, se me caía el pelo a mechones.  
En la imagen se puede ver un mechón de pelo que se me cayó simplemente al pasar la mano con suavidad por la cabeza. Y día tras día, cada vez se hacía más evidente la pérdida. 

La mañana que fui a la peluquería, mi marido vino conmigo. Necesitaba apoyo moral y él no quería dejarme sola en un momento así.
Me llevé varios pañuelos porque no sabía cómo iba a quedar y si tendría que empezar a usarlos ya.

Mi peluquera fue muy amable. Además, no debía ser la primera que acudía por el mismo motivo y sabía cómo manejar la situación.
Así que me senté en el sillón y empezó a hacer su trabajo, que al final decidimos que era raparme al 2. Quizá los hombres estén más acostumbrados a pasarse la maquinilla por la cabeza, pero para mí fue una experiencia totalmente nueva. Y yo, que llegué fuerte, riendo, imaginándome como la teniente Ripley, cuando vi que mi pelo iba cayendo con cada pasada de la maquina, empecé a llorar. No pude controlar las lágrimas.

Pero el momento tristeza pasó rápido y me miré al espejo, con mi pelo corto como nunca antes lo había tenido. Era algo raro verme así, aunque todavia tenía pelo.  Aún no iba a necesitar los pañuelos y el corte de pelo hizo que la transición  hacia la alopecia total fuera menos brusca.
Acepté el cambio y decidí disfrutar de mi nuevo "look". Era muy cómodo, moderno y no tenía que perder un montón de tiempo utilizando el secador tras lavármelo.

Un detalle que me llamó mucho la atención cuando me corté el pelo, fue la sensación del viento en mi cabeza al salir a la calle. ¡Notaba el aire acariciando mi cabeza! Cuando tienes pelo (y yo tenía mucha cantidad de pelo), no notas el aire directamente en el cuero cabelludo. Pero ahora sí que lo notaba. Con los días me fui acostumbrando y dejé de notar esa sensación, pero es algo que me sorprendió mucho.

Afrontar la pérdida del cabello es algo difícil, y cada mujer tiene que buscar lo que le haga sentir mejor. Unas se cortarán el pelo antes y otras no. Algunas elegirán llevar peluca y otras pañuelo. Es una parte del proceso por el que debemos pasar al que cada una se enfrentará de la mejor forma posible.

Si os decidís por llevar pañuelo, debéis saber que en principio no vale cualquier pañuelo. Deben ser oncológicos, porque los hacen con materiales adecuados y están diseñados para adaptarse bien a la cabeza y no dañar el cuero cabelludo. Los venden en tiendas especializadas y no son precisamente baratos.
Yo compré los míos por internet. Con ayuda de mi hermana pequeña estuve buscando en varias páginas. Y he tenido suerte, porque mi hermana me regaló varios pañuelos, y mi tía y una amiga. Así que he podido ir alternando los pañuelos para coordinarlos con la ropa que me ponía.

Aquí os dejo los links de algunas tiendas, por si los necesitáis. Aunque hay muchas más, incluso se pueden comprar por Amazon. Como os he comentado, no suelen ser económicos, pero a veces hay ofertas y puedes encontrar pañuelos muy bien de precio.
https://oncoestetica.es
https://divinaoncobeauty.com
https://www.boutique-cancer-de-mama.es
https://naturasaludybelleza.com/tienda/#

También os dejo el link a una página sobre cáncer creada por enfermeros y enfermeras oncológicos donde podréis encontrar información y consejos interesantes:
http://oncodudas.es

"No hay mal que por bien no venga".

Me gusta este refrán porque es optimista. No quiere decir que todo lo malo siempre vaya a producir un bien. A veces hay males de los que no se obtiene nada bueno. Pero en ocasiones, de algo malo puede surgir algo bueno, una oportunidad de mejora. Y eso es lo que significa este refrán para mí. 











viernes, 6 de septiembre de 2019

La primera sesión

Hace días que  no escribía nada en el blog, pero he estado con una conjuntivitis un poco peleona y me costaba concentrarme. Ahora estoy mejor así que continuaré contando mi experiencia.

El día 2 de abril me dieron la primera sesión de quimioterapia. No estaba nerviosa, pero si expectante. No sabía que me iba a encontrar exactamente o cómo me iba a sentar la quimio. Y esa incertidumbre no me gusta nada.

Normalmente, hay un esquema a la hora de recibir el tratamiento con quimioterapia. 
Primero: Antes de cada sesión hay que hacerse un análisis de sangre. Las pruebas solicitadas incluyen un hemograma (para ver si hay anemia, cómo están las defensas y las plaquetas), urea y creatinina (para ver la función renal) y AST y ALT (indican si hay afectación del hígado).
Este análisis puede hacerse el día previo a la quimioterapia, por la tarde, o el mismo día de la quimioterapia por la mañana, pero por lo menos 1 hora y media antes de la consulta.
Segundo: La consulta con enfermería o con oncología. Si no te van a dar quimio, será con enfermería. Si vas a recibir el tratamiento será con oncología. En la consulta se revisan los resultados del análisis, por si hubiera algo que contraindicara el tratamiento, te preguntan cómo estás, si tienes algún síntoma y te exploran. Este es el momento en el que debemos aprovechar para preguntar todas las dudas que vayan surgiendo. No hay que tener miedo de preguntar.
Tercero: Si no hay ningún problema, la oncóloga da luz verde al tratamiento, se solicitan los fármacos que te van a administrar y se pasa a la sala de espera hasta que nos llamen para comenzar con la sesión.

Esta es una imagen del Pabellón C de oncología, donde paso tanto tiempo últimamente.

En Pamplona, cuando vas a comenzar un tratamiento oncológico, te dan una tarjeta de uso personal, con un código. La tienes que pasar por un escáner cada vez que vas al hospital. Al hacerlo, el sistema informático registra que ya has venido a tu cita.
En la sala de espera hay varias pantallas en las que anuncian quien debe pasar a consulta o a box (que es dónde administran la quimioterapia). Hay que estar atentas, y cuando sale tu código en la pantalla, acudir donde te indica.

Como podréis imaginar, el primer análisis antes de la primera sesión me salió perfecto. Así que, sin ningún impedimento para recibir el tratamiento, pasé a la sala de espera. 
Esta sala está siempre llena. No sólo encuentras pacientes con cáncer, sino también acompañantes, familia o amigos. Mirando a estas personas siempre me pregunto qué historias tendrán detrás, cómo se sienten, en qué fase del tratamiento se encuentran, etc. Y algunas de estas caras se harán conocidas porque es fácil coincidir más de una vez en la sala de espera o en el box de los tratamientos.

Y por fin me tocó el turno y pude pasar a mi box. Son unas salitas intercomunicadas que constan cada una de 4 sillones negros, una zona para enfermería, un baño y un armario. A la entrada, y dentro también, hay expositores con revistas para leer si te apetece.
Los sillones son cómodos y puedes bajar el respaldo, subir el reposapiés e incluso ponerte totalmente horizontal para echar una cabezadita. El personal de enfermería es cercano, amable y muy eficiente.
Todo esto hace que las horas que tienes que permanecer "enchufada" a un gotero sean lo más amenas posibles.

Esta soy yo recibiendo el primer tratamiento. Aún tenía pelo!!!! Al lado mi gotero; ya nos hemos hecho amigos.

Cuando llegas al box, te presentas y escoges un sillón. A mi me gusta ponerme cerca de la ventana, así que si está libre, escojo siempre el mismo.
Antes de ponerte los goteros con la medicación, las enfermeras te piden que les digas tu nombre y apellidos, para confirmar que es tu tratamiento y no el de otra persona.

El primer gotero que pasan es el de premedicación. Es decir, fármacos para reducir al máximo posible los efectos secundarios de la quimio, que en esta primera parte del tratamiento serán principalmente a nivel digestivo (náuseas, vómitos, etc).
El segundo es el de la Adriamicina, de un color rojizo característico (después de la sesión la orina se torna de color anaranjado-rojizo durante 1 o 2 días). Esta medicación y yo no nos hemos llevado muy bien, ya que es muy irritante y puede afectar a las venas, "quemándolas".
El tercero es el de la ciclofosfamida. En ocasiones puede dar una reacción alérgica, por lo que la enfermera te dice que le avises si notas algo raro como picor, sarpullido, mareo, malestar, etc. Nunca he tenido ningún problema, pero siempre, al final del tratamiento, cuando pasan el gotero de "limpieza" con suero fisiológico, notaba picor en la nariz y me entraban ganas de estornudar. Es relativamente normal, pero si ocurre al principio hay que avisar.

Cuando acaba el tratamiento, antes de irte, te dan unas pastillas (Fortecortin) para tomar durante los 3 días siguientes. Son para evitar las náuseas y vómitos. Además, también puedes tomar Primperan, pero no te lo dan sino que hay que comprarlo en la farmacia.

Cuando salí del box mi marido estaba esperándome para ir juntos a casa. No me sentía excesivamente mal, con una "malagana" como decimos en Aragón. Pero claro, la premedicación aún estaba haciendo efecto.
Yo, gracias a Dios, no he tenido unos efectos secundarios muy fuertes. Esta primera fase, que llamaré de las antraciclinas para abreviar (la Adriamicina es una antraciclina), me dejaba un poco regulín. Durante una semana a 10 días sentía malagana, en ocasiones nauseas, pero nunca vomité. Te cambia el sabor de los alimentos, no saben igual. En mi caso no llegué a sentir sabores malos, pero es cierto que no me sabían igual las comidas y no las disfrutaba tanto. Y lo que peor llevaba era que el agua me resultaba repulsiva. ¡Con lo que me gusta a mi beber agua! Tenía que obligarme a beber. Lo único que me apetecía era el gazpacho. Afortunadamente los síntomas son más intensos los primeros días y poco a poco van disminuyendo hasta desaparecer.

Está fue mi primera sesión. ¡Prueba superada!
Aquí os dejo un link donde podréis encontrar más información sobre la adriamicina y la ciclofosfamida:
http://chemocare.com/es/chemotherapy/drug-info/default.aspx

"No eres lo que logras, sino lo que superas".

miércoles, 28 de agosto de 2019

De pelos y aliens

Los que me conocen saben que no me gustan nada las películas de miedo. 
No le veo la gracia a pasar un mal rato si no hay necesidad. Además, soy de las que se impresionan mucho con las películas y luego no puedo dormir pensando en lo que he visto. 
Pero hoy, para llevarme la contraria, voy a hablar de una de ellas. Siempre hay una excepción a la norma.

Y mi única excepción es Alien

Aún recuerdo la primera vez que la vi. El título era muy sugerente: "Alien, el octavo pasajero" y la frase que lo acompañaba mucho más: "En el espacio nadie puede oír tus gritos". Así que podéis imaginar... 
Yo debía tener 14 o 15 años. Era verano y mi vecina, que es un año mayor que yo, se iba a quedar una noche sola, ya que sus padres se tenían que ir. 
En aquella época vivíamos en un piso, y teníamos muy buena relación con las personas que vivían en el piso de al lado. Nuestras casas estaban abiertas los unos para los otros y compartíamos muchos momentos juntos. Mas que vecinos éramos como familia. Así que decidimos que esa noche yo me iría a dormir con ella a su casa, para que no estuviera sola. Lo normal era que ella se hubiera quedado en mi casa, pero éramos adolescentes y nos hacía ilusión estar solas. Al acostarnos, encendimos la tele que tenía en su cuarto para ver la película que echaban esa noche, que resultó que era "Alien". Mi madre jamas me hubiera dejado ver esa película, pero ¡estábamos solas y podíamos ver lo que quisiéramos!

Y aunque debo reconocer que me dio mucho miedo, me encantó. Y una de las razones por la que me gusta tanto es por su protagonista, la teniente Ellen Ripley. Creo que fue una de las primeras veces que vi una película protagonizada por una mujer fuerte, valiente, que no necesita ser rescatada por un "príncipe". Y yo quería ser como ella, una mujer capaz de enfrentarse a cualquier cosa y de luchar hasta el final. De alguna forma puedo decir que me inspiró. 


¿Por qué cuento esto en un blog sobre cáncer de mama? En la tercera entrega de la película (Alien3), la teniente Ripley tiene que raparse el pelo al cero. De hecho, hay una escena de esta película que es casi icónica, en la que se ve al alíen acercándose a una teniente Ripley rapada y asustada.

Y yo, cuando supe que el pelo se me iba a caer, para no entristecerme tanto pensé: "Bueno, al menos ya me pareceré más a la teniente Ripley". 

Quiero pensar en mí como una mujer fuerte, valiente y calva, como la teniente Ripley. Quiero luchar contra mi alíen particular, que aunque me da miedo, no impide que siga haciendo todo lo posible para acabar con él.

Es duro saber que se te va a caer el pelo, y más duro aún cuando ves tu cabeza lisa, sin pelo, cuando dejas de sentir ese peso familiar que solo notas ahora que no está. Es difícil no echarse a llorar cuando escuchas las tijeras y la maquinilla pasando. Podría haber hecho broma y decir: eh! que no  quiero ser una skinhead! o Por fin me parezco a Ripley! Pero no, puede parecer algo superficial, pero no lo es, no estaba para bromas. 
De alguna forma, el pelo también forma parte de nuestra personalidad e identidad, y cuando lo pierdes de forma involuntaria, cuando te miras en el espejo y no pareces la misma persona, sientes que has perdido algo más que simple pelo, has perdido algo de tu ser, algo de lo que te hacía ser tu.

Yo me imaginaba tan fuerte como la teniente Ripley, pero claro, aún tenía pelo, estaba viendo películas y el cáncer era algo que le pasaba a otras personas. 
Esta ha sido mi entrada "friki", pero en la siguiente hablaré más sobre el pelo, pañuelos y otras cosillas relacionadas. 


"Tener valor no significa no tener miedo. Tener valor significa tener miedo y, aún así, seguir adelante."

domingo, 25 de agosto de 2019

En oncología

El siguiente paso fue la visita con mi oncóloga. He tenido la suerte de encontrar una oncóloga que me gusta no sólo profesionalmente sino también en su trato personal. En un principio me asignaron otro oncólogo, pero dio la casualidad de que no estaba y le sustituía mi oncóloga. Después de la primera visita decidí seguir con ella. Creo que es importante que un médico sepa comunicarse bien con sus pacientes y hacerles entender su enfermedad y tratamiento. Y mi oncóloga se tomó la molestia de explicarme todo con mucha paciencia. Y no creáis que lo hizo en deferencia a mí por ser médico. Lo hace con todos sus pacientes.

Antes de nada, sólo quiero recordar que esta es mi experiencia personal. Como ya sabéis, no todos los cánceres de mama son iguales, y cada mujer tendrá una experiencia diferente. Mi tratamiento no tiene porque ser igual al de otra mujer y mis efectos secundarios pueden ser distintos. Pero habrá puntos en común que compartimos muchas mujeres con esta enfermedad.

El proceso que me presentaron seguiría estos pasos: Lo primero sería la quimioterapia, que se prolongaría durante unos 6 meses. En otros casos lo primero que se realiza es la cirugía, pero  conmigo y debido a las características de mi tumor, decidieron empezar por el tratamiento. 
Después de un periodo de descanso para dejar recuperar al organismo, me operarían. Decidirían sobre la marcha si se realizaría una mastectomía o tumorectomia, o dicho más simplemente si me quitarían un trozo de pecho o todo. 
Tras esto, dejarían otro periodo de descanso y se procedería a la radioterapia, un tratamiento más localizado, pero de eso ya hablaremos más adelante. 
Una vez terminado todo, me avisaron que tendría que seguir un tratamiento, en este caso tomar un fármaco, el tamoxifeno, durante un periodo mínimo de 5 años.

Teníamos ante nosotros un proceso que iba a ser largo, en total unos 10 meses desde que se empieza y que aún así, al finalizar no iba a olvidarse y ya está sino que un fármaco nos recordaría durante largo tiempo por todo lo que habíamos pasado. En ese momento daba vértigo pensar en ello, es como si se hiciera un paréntesis en tu vida, porque todo cambia y durante varios meses iba a estar yendo al hospital para recibir mi tratamiento, hacerme pruebas e ir a las consultas de enfermería u oncología. El hospital se convertía así, casi, en tu segunda casa. 
Pero hay que hacerlo, es parte de la lucha contra la enfermedad.


Mi quimioterapia consta de dos partes:
- Primera parte: tratamiento con antraciclinas. Una sesión cada 21 días. Cuatro sesiones en total.
- Segunda parte: tratamiento con taxoles. Una sesión semanal durante 12 semanas.

En la consulta te explican también los principales efectos secundarios. Todos tenemos en mente qué les ocurre a las personas que reciben quimioterapia, pero aquí también nos equivocamos, porque cada tratamiento es distinto y los efectos secundarios también. No podía creérmelo, pero en mi caso parecía que se iban a cumplir todas las expectativas!. Con esta quimioterapia el pelo se caería, tendría náuseas, vómitos, y las defensas bajarían hasta niveles en los que un resfriado es algo a temer. Y sobre todo aparecería el cansancio. 
No parecía un panorama muy halagüeño. Aunque como se dice, cada persona es un mundo y me avisaron claramente que la intensidad de estos síntomas puede variar mucho de un caso a otro.

Resumiendo, esa mañana mi marido que me acompañaba y yo salimos de la consulta con un plan a largo plazo, que se antojaba difícil y agotador tanto física como mentalmente. Y en la mano un papel que marcaba la fecha para mi primera sesión de quimioterapia. Marcado en rojo quedaba el día 2 de abril.

Antes de ese día aún quedaba algo más.  Nos citaron para ponerme un marcador intramamario (clip). Es como una varita de titanio, de entre 2 y 4 mm, que se introduce en el tumor. Mediante ecografía se localiza la lesión y liberan el marcador dentro del tumor. Es una técnica rápida y poco molesta. ¿Por qué me lo pusieron? Pues para que si durante el tratamiento se producía una respuesta muy buena y desapareciera el tumor, poder localizar sin problemas durante la cirugía la zona en la que se encontraba. Es en ese momento, cuando te lo quitan.

Como decía, el hospital iba a ser nuestra segunda casa. Y yo que prefería un apartamento!!!

"Cuando tengas momentos difíciles, recuerda.... los diamantes se forman bajo presión."


miércoles, 21 de agosto de 2019

El cáncer de mama

Hoy me gustaría hablar un poco sobre el cáncer de mama. Podría escribir muchísimo sobre este tema, pero me centraré en los puntos que creo son más interesantes para las personas que están pasando por esta enfermedad.
Hablar sobre cáncer no es sencillo, porque no es una única enfermedad, sino muchas enfermedades. No es lo mismo el cáncer de pulmón que el cáncer de mama o el cáncer de colon. Y el cáncer de mama (al igual que otros cánceres) puede ser de distintos tipos, más agresivo o menos agresivo, con mejor o peor pronóstico, etc. Por eso no está bien generalizar, ya que cada caso es distinto.

Pero hay aspectos que sí comparten muchos tipos de cáncer y que nos permiten hacer hincapié en la prevención y diseñar tratamientos cada vez más efectivos.
La información que ahora voy a compartir aquí es del PAPPS (Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud), que es un proyecto de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Aquí os dejo el link por si queréis echarle un vistazo: http://papps.es

"El cáncer de mama es el cáncer más frecuente en las mujeres. En España se estima que en 2015 se diagnosticaron 27.747 cánceres de mama, con un incremento en su tendencia. Es el tumor que provoca mayor mortalidad en las mujeres españolas (6.211), aunque con una tendencia descendente. La supervivencia ha aumentado notablemente en las últimas 2 décadas, y actualmente se estima del 95,1% al año y del 82,8% a los 5 años. La historia familiar es el factor de riesgo más importante y junto con la edad son factores de riesgo no modificables".


Los principales factores de riesgo para el cáncer de mama son:
- Portadores de la mutación del síndrome mama/ovario hereditario (BRCA)
- Radioterapia previa de la mama
- Obesidad
- Sedentarismo
- Alcoholismo
- Primer embarazo > 30 años, nuliparidad, no lactancia
- THS (Terapia Hormonal Sustitutiva) > 5 años
- Sexo femenino
- Edad > 50 años

Recomendaciones en cáncer de mama, PAPPS 2018:
- En las mujeres de 40 a 49 años, de riesgo medio, no debería recomendarse la mamografía de cribado (evidencia moderada, recomendación débil en contra)
- En las mujeres de 50 a 69 años, de riesgo medio, debería recomendarse la mamografía de cribado cada 2 años (evidencia moderada, recomendación débil a favor)
- En las mujeres de 70 a 74 años, de riesgo medio, debería recomendarse la mamografía de cribado cada 2 años (evidencia baja, recomendación débil a favor)

Estas recomendaciones no se aplican a mujeres con alto riesgo (con antecedentes personales o familiares) o con antecedentes familiares de cáncer asociado a mutaciones del gen BRCA, que deben ser enviadas a centros especializados para su control y seguimiento.

Después de todos estos datos, tan solo me gustaría resaltar algo. Hay factores de riesgo sobre los que no podemos influir (nuestra genética, nuestro sexo, nuestra edad, etc.), pero hay otros factores sobre los que sí podemos actuar, que son modificables. En el caso del cáncer de mama se ha demostrado la influencia del estilo de vida. La obesidad y el sedentarismo (que muchas veces van unidos) y el alcoholismo son factores que aumentan el riesgo de sufrir cáncer de mama.

Mi consejo para todas vosotras es que os mantengáis activas y en vuestro peso adecuado. Para ello, además de hacer ejercicio de forma regular hay que llevar una alimentación lo más sana posible, evitando el alcohol completamente.

Yo, para ser sincera, llevo varios años bastante sedentaria. Con los peques no paro, pero eso no es hacer ejercicio (aunque cansa tanto como el ejercicio 😅). Tengo mil excusas para justificar mi falta de actividad física, pero no sirven de nada. Hay que ponerse las pilas y buscar tiempo para mover el cuerpo.
Cuando me diagnosticaron el cáncer, como con los peques me cuesta encontrar tiempo para mí, empecé a buscar la forma de hacer algo de ejercicio. Así que decidí cambiar el autobús por las piernas e ir caminando al trabajo. Eso me permitió alcanzar los 10.000 pasos diarios recomendados. Pero esto es solo un mínimo. Lo ideal es mantenernos tan activas como podamos, buscando cada una lo que mejor se adapte a nuestra situación, dejando atrás la pereza y el sedentarismo.


"Aquellos que piensan que no tienen tiempo para hacer ejercicio, tarde o temprano tendrán que encontrar tiempo para la enfermedad. " Edward Stanley.


domingo, 18 de agosto de 2019

¿Por qué a mí?

Hay días que no se olvidan.

El día 15 de marzo tenía cita con el cirujano para los resultados de la biopsia. Después de muchos días de incertidumbre por fin sabríamos a qué nos enfrentábamos. 
Xavi, mi esposo, vino conmigo. Y allí sentados en la consulta, cogidos de la mano, el cirujano nos informó que tenía cáncer. Las lágrimas brotaron de mis ojos sin poder controlarlas (debo reconocer que me emociono y lloro con facilidad). Da mucha rabia cuando tú haces todo lo posible por no llorar pero no puedes parar, sobre todo cuando hay gente delante. Aunque no sirva de consuelo, no he debido ser la única. A Xavi le marcó que hubiera una caja de pañuelos de papel preparada sobre la mesa, frente a nosotros.

El cirujano sabía que yo era médico y me preguntó como sorprendido si no me lo esperaba. ¡Claro que me lo esperaba! Las pruebas no eran concluyentes aunque muy sospechosas, pero me aferraba a la idea de que probablemente yo sería lo que llaman un falso positivo y que la biopsia saldría bien. 

Así que en esos momentos, con mi cabeza dando vueltas como en un sueño, el cirujano me explicó que tenía un carcinoma ductal infiltrante grado 2, tipo luminal B. El pronóstico de entrada era bueno, con más de un 80% de supervivencia. 
El plan terapéutico que habían planeado para mi caso comenzaba con la quimioterapia, luego cirugía y por último radioterapia. 
Por tanto, a partir de ahora, yo pasaba a control de oncología. Llegaba el momento de afrontar aquello que has intentado no pensar en las noches en que el sueño decide que tardará un poco en venir.
Pero la primera reacción no entiende de razones y sí de miedos.

Al salir de la consulta, Xavi me consolaba, pero por mi mente pasaban muchas ideas, y ninguna buena. Lo primero que pensé fue en mis peques. Tenía miedo de que algo fuera mal, tenía miedo de que se quedaran sin su madre. Tenía miedo de no estar allí cuando tuvieran que afrontar las cosas de la vida. Eso para mí sería lo más duro: dejar a mis hijos, a mi marido y a mi familia solos. 
Y entonces te preguntas, a ratos con rabia, la mayoría de las veces con tristeza, por qué te ha tocado a ti. ¿Qué he hecho para que me pase a mí? No es justo. Soy una buena persona, intento llevar una vida lo más sana posible, soy vegetariana, he dado el pecho a mis dos hijos hasta los 18 meses. Hay gente que no cuida su salud y no les pasa nada. ¡¿Por qué?!

Sinceramente creo que estas preguntas no tienen respuesta. Y si la tienen, ahora mismo no me interesa. Aún así, en otra entrada hablaré un poco del cáncer de mama y sus causas desde un punto de vista médico.

Una vez que asimilé la noticia, me tranquilicé bastante. Creo que soy una persona práctica e intento enfrentarme a las situaciones de la vida de una forma lo más racional posible. 
Está bien, tengo cáncer. 
Puedo deprimirme y enfadarme con el mundo, o puedo luchar con energía y buen humor. Y elegí lo segundo 😀.  

Así que empecé a prepararme para todo lo que se nos venía encima. Y hay algo que sabía que me ayudaría y no me fallaría, porque no me ha fallado nunca.
No tengo que pararme a pensar mucho para encontrar aquello que me ha ayudado durante este tiempo a sentir paz interior en medio de la enfermedad: confío en mi Dios
Soy creyente, creo y confío en Él. 
Puse, pongo y pondré mi vida en Sus manos y acepto tranquila lo que me depare el futuro. Y por eso, no me preocupo demasiado por mi cáncer, ya que todo mi miedo y mi angustia la he depositado en mi Dios.


"Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." Mateo 11:28